domingo, 16 de octubre de 2016

Tatuajes y "para siempre"

Recuerdo perfectamente el primer día que me hice un tatuaje. Estaba en Italia, con dos amigas, y me había pasado por lo menos dos meses dándole vueltas a la idea. Cuando tuve claro lo que quería -que al final, aunque lleva lo suyo, creo que es lo que menos quebraderos de cabeza da- llegó el pánico real. El miedo a la aguja, al dolor o incluso al arrepentimiento.
Solo un año después de aquello, y con cinco tatuajes más encima, me digo que los miedos están para superarlos, que el dolor en la vida es inevitable y cada uno tiene su propio umbral del mismo.
Pero lo que más me ha llamado la atención de tatuarme es que me ha hecho entender que la vida es demasiado corta como para arrepentirnos de las decisiones que tomamos (hablo, claro está, de las que tomamos de manera personal, sin que haya más personas implicadas). Si lo pienso con detenimiento me parece hasta absurdo que haya tenido que marcar mi piel para darme cuenta de algo así, pero lo cierto es que desde entonces le doy menos vueltas a cosas que no tienen importancia; me ahorro enjambres mentales y me digo que la vida es hoy, es una, y no lo suficientemente larga como para no hacer lo que quieres hacer.
Al final, creo que el cuerpo, la piel, no es más que nuestra propia casa, nuestra coraza a veces, pero precisamente por eso, que somos nosotros. Que mi piel soy yo. Y lo que ella refleja no es más que un reflejo de mí y de mi personalidad, de esa dimensión a la que nadie más que yo puede llegar, y que nadie más puede conocer si no es porque yo quiera.
Creo que cada uno de nosotros tiene una historia, y qué voy a decir, si quien me conoce sabe que me encanta leer. También creo que las personas que se dedican al tatuaje son pasionales, creativas e imaginativas, llevando el arte a un lienzo mucho mayor... y aunque a día de hoy apenas lo haga, de pequeña podía pasarme horas dibujando.


Y que, cuando mi piel se arrugue, lo hagan con ella todas las personas, momentos, sensaciones y cosas que me la han besado, acariciado, hecho erizar, herido...
...porque la piel es piel, y desde luego tampoco se quedará aquí. Ni siquiera los tatuajes son para siempre. Durarán lo que dure tu vida.

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