sábado, 15 de octubre de 2016

Recuperando palabras (14/07/2015)


UNA VITA

[…] Saborear, conocer, y llegar a vivir la independencia.

Calles en las que te sentías perdida pasan a ser las calles por las que te encanta perderte.


El idioma que desconocías ahora te impide recordar palabras de tu lengua natal.

Una ciudad nueva es hoy lo que llamas hogar, lo que llamas casa, lo que llamas rutina, lo que llamas “tu sitio”, “tu lugar”.

Personas que entran por fuerza en tu vida, a las que un día miraste por primera vez preguntándote si encajaríais, como serían… Son las personas que ni por fuerza vas a dejar marchar ya y a las que te encantaría poder seguir mirando muchos meses más.

Tener el dinero justo para llegar a fin de mes, pero viajar todo lo posible.

Ver. Descubrir. Entender. Llorar. Reír (mucho, muchísimo). Tener miedo. Dudas. Inseguridades. Certezas. Metas. Ilusiones. Alegrías. Sueños. Sinceridad. Locuras.

Aprender, por todas partes, de todas las maneras posibles, a todas horas.

Construir una vida, una familia de amigos; un tiempo único, mágico, especial e irrepetible concentrado en una burbuja de diez meses.

Tener un plan para cada segundo del día, aprovechando al máximo todo lo que te ofrece este momento.

En mi caso, en nuestro caso, dada la localización, incorporar los helados a nuestra dieta de manera permanente: durante las cuatro estaciones.

Acabar hasta el gorro de la pasta y la pizza, aunque siempre hubiésemos pensado que eso sería imposible.

Tomar cappuccino en invierno todos los días de la semana, y más de una vez al día.

El erbazzone, el parmigiano, la panacotta, el aperitivo, el lambrusco, las piadinas y la Moretti.

Tener más probabilidades de ser atropellado por una bicicleta que por un coche.

Andar por la carretera tanto o más que por la acera.

Las casas de tres o cuatro plantas, que te dejan ver el cielo sin levantar demasiado la vista; las fachadas de colores que te hacen sentir que paseas por un cuadro.

Los gestos de la gente, gestos para todo, para cualquier emoción. Pero gesticular. Eso es lo importante.

Ir a clase, no enterarte de la mitad y aburrirte mucho a veces, pero otras, ir a clase y salir contenta, porque sí te has enterado y te sientes realizada.

Salir de fiesta. Por aquí, por allá, por tu ciudad, por otra ciudad… festejar siempre: porque aprobamos, porque suspendemos, porque es fin de semana, porque hay un cumple, porque estamos vivos y nos apetece.

Haber visto nevar. Y haberte enamorado de las plazas cubiertas como si el suelo estuviese lleno de nata.

Emocionarte cuando hay ofertas en el súper. Y comer poco pescado porque es demasiado caro.

Echar de menos España cuando los locales cierran a las siete.

Habituarte al horario: comer temprano, cenar temprano. Para algunos con la fuerza de voluntad necesaria (y no me incluyo) también madrugar. E irse antes a dormir.

Hacer prácticas y encariñarte con las personas que te han enseñado y guiado. Y (en el caso de las de magis) comerte a besos a los niños en el cole.

Acabar teniendo un bar (no te olvidaremos Scheri!), un sitio habitual, que te conozcan los camareros como si fueses una más en la ciudad desde hace mucho.

Empezar un lunes comprando billetes de avión a Sardegna y tomar el sol en la terraza a falta de una playa.

Hacer cenas de “cada-casa-aporta-algo” en las que nadie habla los cinco primeros minutos porque solo queremos comer.

Bajar a hacerse unas birras a las siete de la tarde, y volver a casa a las dos o tres de la mañana.

Aprender a escuchar a nuestro cuerpo un poco más (Gracias Lau).

Discutir a veces, pero darte cuenta de que hacen falta dos puntos de vista para tener una buena perspectiva ante cualquier situación. (Gracias Paula).

Reír continuamente, bailar continuamente, cantar continuamente y transmitir solo alegría. (Gracias Llorens).

Que te lleven por la mala vida –o buena- tomándote un vino blanco un lunes a las ocho de la tarde. Y cantar Raúl como si tuviese los mayores éxitos del siglo XXI. (Gracias Joan. Sin tonterías: por estar siempre dispuesto a pasarlo bien y a hacernos pasar buenos ratos a los demás. Por tus metáforas y tus teorías y, en fin, voy a ponerme algo cursi: por ser “nuestro chico”).

Ser feliz. Aprender a serlo, a hacer cosas que te hacen realmente feliz, cuando sabes que te apetece hacerlas y con quien tú realmente quieras compartirlas. Y aprender a decir “no”, y a mimarte un poco más, a quererte un poco más, porque eres única en el mundo, y eso es algo que a veces se nos olvida, y eso es algo que en ocasiones consideramos egoísta cuando realmente solo se trata de cuidarnos primero nosotros para poder cuidar a los que tenemos alrededor. Y que no vale decir “ya lo se”, no vale decir “¿qué hago?” o “no puedo”. Solo valen los “sí”, los “quiero y lo hago”. Así que gracias a ti también, Libe, porque me has enseñado mucho, y como tú bien sabes, eres muy grande para ser la peque del grupo. Y lo que ante todo admiro de ti es tu cabecita. Porque vale oro.

Y, bueno, cómo no, es convivir con personas que aún siendo diferentes a ti te complementan. Hacen que sientas que no estás sola, hacen que sientas que tienes siempre a quien acudir, y hacen de hermana mayor –porque a estas alturas está claro que compartimos un progenitor y no lo sabíamos-. Personas con las que has vivido 24 horas, siete días a la semana durante diez meses. Las que te conocen como si fuesen tu madre y sin las que, sinceramente, no se ya cómo vivir. De ti, sin duda alguna, admiro tu bondad. Porque eres el mayor pedazo de pan que he conocido. (Qué decirte a ti, Marta, que tanto he aprendido contigo!!!) […]


Todo esto, y lo que se me escapa, y lo que no se cómo explicar, y lo que directamente no quiero explicar, es Erasmus.
Es, al menos, de manera brevísima, representando un 1% de lo que realmente es y de cómo lo he sentido, lo que ha sido para mí vivir esto. Y es que es así: ha sido. Porque ya ha acabado. Pero supongo que lo he escrito en presente porque no quiero asimilar que ha llegado a su fin, y lo siento tan cercano, tan real y tan intenso que no quiero ni puedo decir adiós. No puedo ni quiero dejar esto. No puedo ni quiero estar contenta porque la situación ahora mismo sea la que es.

Hace un año jamás me hubiese imaginado que podría estar escribiendo algo así, porque jamás me hubiese imaginado que iba a tener el valor de aceptar una aventura como esta. Y si de algo estoy orgullosa es de haber dado el paso. Ese ha sido mi primer reto al tomar esta decisión y me aplaudo a mí misma por llegar hasta aquí.

Muchos pueden contar lo que es la experiencia Erasmus. Y todas son diferentes entre ellas, con tantos matices, tantos detalles, tanto que no se puede poner en palabras… Pero como todo en esta vida, hay que vivirlo para saber lo que se siente. Que te lo cuenten no es absolutamente nada comparado a lo que te puede llenar el vivirlo en primera persona.

Me llevo mucho. Muchísimo. Me llevo tanto en tantos aspectos diversos que en diez meses he madurado más que en veinte años. No soy la misma. Ya no. Y no lo voy a volver a ser. He cambiado. Ha habido un “clic”, una explosión, mi corazón es más grande, mi mente está más abierta, mis ganas de vivir son más fuertes. Es un cambio interior que solo yo noto, que quizá desde fuera no se aprecie, pero es el cambio que ha existido y que ya forma parte de mí y de quien soy ahora. Y sinceramente, soy una mejor versión de mi misma. Y eso también me enorgullece.

He aprendido que el cien existe. Que hay cien oportunidades, cien comienzos, cien finales, cien modos de reinventarse, cien maneras de ver el mundo, cien mundos por descubrir, cien personas que marquen tu vida, cien formas de sentirse. Cien, siempre cien. Y después de haberlo aprendido e interiorizado no voy a dejar nunca que nada ni nadie me robe noventa y nueve.

Así que sin más, porque poco me queda por decir, y pocas maneras se me ocurren para decir todo lo que llevo dentro, GRACIAS.
Gracias a las personas, más que nada, más que a nadie. Gracias a todas y cada una de las personas con las que he compartido esta experiencia, porque habéis sido parte de esta maravillosa aventura y sois el motivo principal por el cual lo he disfrutado tanto, y sois las personas que desde hoy tengo repartidas por la península, en lugares que jamás pensé que fuesen a ser importantes para mí y, sin embargo, (vaya cosas tiene la vida!), me siento ya una más en Euskal Herria, en Valencia, en Cataluña, en Andalucía o en Aragón… y no os imagináis las ganas que tengo de visitar cada una de ellas!!! Y las ganas que tengo de que vengáis también a ver mi Galicia!!

Grazie anche a Nadia e Stefania, è stato bellissimo conoscervi e mi avete fatto ridere tantissimo questi ultimi mesi. Siete due ragazze veramente carine e spero rivedervi qualche volta. In bocca al lupo per tutto nella vostra vita, perché lo meritate. Un bacione gigante belle!!! E grazie per aiutarmi col mio italiano, ho imparato un sacco grazie a voi.

Grazie anche a Letizia. Per te veramente non ho delle parole. Ci conosciamo da pochissimo e ci abbiamo visto solo 3 o 4 volte ma sei stata così importante per me e hai un pezzo enorme del mio cuore. Mi hai fatto sentire benissimo all’università da quel primo giorno in cui abbiamo parlato e non mi dimenticherò mai di te. Sai che c’è un posto e una casa per te a A Coruña!

Grazie a Giulia per essere così carina con tutte noi. Anche se ci conosciamo da poco sai che puoi venire in Spagna sempre perché ti vogliamo già tantissimo bene. Ci vedremo per forza!

Grazie Marco per essere pazzesco come sei e farci ridere tantissimo. Ci vediamo a Barcelona! In bocca al lupo per il tuo erasmus! Che la vita è un flusso. E chi si ferma è morto.

Grazie in generale a tutta quella gente che ho conosciuto a Reggio di tantissimi posti diversi della Italia. Per piccola che sia stata una conversazione, per un semplice sorriso... mi avete fatto sentire a casa.

Thanks to my Johanna. My sweet sweet Jo. For every moment and every laugh. For every night and for try to teach me german. I love you so much and I will always have you in my heart. I will do my best so we can see each other again.

Y, sin más, ya sabeis que cada uno de vosotros me ha aportado algo aquí, sea en mayor o menor medida, pero lo habéis hecho. Mención especial a mi Maldición Gitana, a mis “putucas”-españolas por el mundo, al Dream Team y a mi SuperFamilia. Vi voglio bene!!!! Quérovos!!!! Maite zaituztet!!! Os quiero!!!

No sé cómo serán las cosas a partir de ahora, y sé que va a ser un poco duro y que me costará un tiempo asimilar todo esto, y adaptarme al nuevo comienzo en mi vida de siempre, pero también he confirmado que es posible empezar de cero todos los días que lo necesites, que el pasado está ahí pero no condiciona el futuro, porque lo mejor siempre está por llegar, y que lo más importante y preciado que hay es el HOY y el AHORA. Que si quiero, puedo vivir todos los días de mi vida.
Que si todo a tu alrededor lo ves bonito, de la manera más positiva que puedas, recibes lo mismo que estás transmitiendo.
Que somos los dueños de nuestra vida. Y que esto, en sí, ha sido y es ya una vida de la que he sido y soy dueña.


“L’erasmus non è un anno nella vita. È una vita in un anno”.


Te llevaré siempre conmigo, Reggio, bonitiña.

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