sábado, 31 de diciembre de 2016

2016, qué decirte

Como cada 365, me has dado cosas buenas y no tan buenas. Me has dado, en fin, más vida. Y por eso te estoy agradecida. Lo peor lo voy olvidando, dejándolo atrás porque no me sirve para absolutamente nada, el aprendizaje ya lo he hecho y se queda conmigo.

Lo bueno es que me he reído hasta llorar, hasta dolerme la barriga; que he engordado, porque he sido súper feliz comiendo; he ido al cine, aunque reconozco que no tanto como me hubiese gustado; he salido de fiesta, a pesar de que cada vez noto más cómo me hago mayor y el cuerpo me pide noches de relax; el verano ha sido un no parar (¡imagínate!: he tocado por toda Galicia); me he graduado más orgullosa de mí misma que nunca y segura de lo que valgo; he retomado el inglés y el italiano (bella cosa, that one!) y he seguido tatuándome, porque creo que ahora ya no puedo parar.
He leído exactamente 19 libros, aunque no he conseguido superar el reto lector que me habíamarcado. Has logrado, una vez más, que conserve amistades y se hagan -si cabe-, más fuertes (que el frutipremio a la frase del año me lo llevo yo, ¿sabes?). No has dejado que la distancia haga el olvido; y he podido acercarme más a personas que ya conocía, pero no sentía. ¡Y vaya si ahora las siento!...

He viajado más de lo esperado y ha sido realmente increíble. Me he encontrado con personas a lo largo de los meses que me han confirmado lo que ya sabía: que cada vez disfruto más de la gente. Por supuesto me he enfadado, he discutido y he perdido las formas, pero también he sabido reconocer que lo he hecho, y que tengo que seguir trabajando para cambiar eso. He bailado hasta que me han dolido los pies, sea o no con Enrique Iglesias: en una discoteca, en la calle o en la soledad de mi habitación. Además, nunca he dejado de escribir, porque supongo que un año más, he logrado no perder mi esencia, y créeme cuando te digo que has sido el que más difícil me lo ha puesto desde hace bastante: me has hecho verme en situaciones en las que he llegado a no reconocerme en el espejo. Y me estaba empezando a preocupar.

Pero he cumplido 22, y sigo con la misma ilusión de cada año de vida por las pequeñas cosas: por las personas, los instantes y las sensaciones que no cambio por nada, porque al final de esos tres factores se compone nuestro paso por aquí. Me despido de ti contenta, porque eres uno más en mi historia y sé que todo lo que he hecho lo he hecho con pasión, que cuando he querido ha sido de verdad y que no ha faltado corazón en mi día a día. Así que, 2016, ¡gracias y hasta siempre!


Y desde luego son muchas las canciones que me han acompañado este año, pero la del mes de diciembre es sin duda alguna Everglow, así que la dejo en representación de toda la música que me ha hecho sentir, bailar, llorar y cantar como una loca.

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